
Dice un viejo adagio que de los muertos no se habla mal y en esta ocasión esa popular sentencia aplica muy bien con el reciente fallecimiento del conocido periodista Oscar Mario Beteta.
Tras conocerse el sensible final del comunicador, algunos de sus colegas se apresuraron a destacar sus múltiples virtudes que, sin duda alguna tuvo, para afirmar a los cuatro vientos que fue un amigo entrañable, un generoso maestro y un referente muy visible del periodismo en México.
Sin embargo, como siempre, existe otra memoria de la que nadie se atreve a mencionar apostando al olvido y a la indiferencia. Aquí nadie dice nada.
Y esa memoria está expuesta por mujeres que denunciaron públicamente maltrato, violencia y humillaciones que el comunicador tuvo para contra ellas.
Fue muy viral la conversación que tuvo con una reportera de la Revista Contralínea a quien insultó al aire, aunado a la denuncia de dos de sus ex parejas, quienes hicieron graves señalamientos de su comportamiento agresor y en estos días quien fuera su esposa también afirmó que fue golpeada brutalmente por Beteta.
De ellas se dice poco y nadie alza la voz para apoyarlas. ¿Dónde quedó lo generoso del periodista?
La muerte merece respeto si, pero habría que preguntarle a sus colegas y defensores qué es lo que les mueve o les obliga limpiar la memoria negativa del muerto con loas casi poéticas. Es una duda muy razonable.
El respeto a una persona fallecida no debería convertirse en solidaridad entre hombres ni en silencio cómplice frente al dolor de estas mujeres que tuvieron el valor de contar la otra versión de una historia que no es precisamente buena.
El cargo De los muertos no se habla mal… / Por José Hermilo Amezcua Domínguez apareció primero en Reporte 32 MX, El medio digital de México.