martes, septiembre 15, 2026
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El arma que México está ayudando a cargar / Por Jorge García

Rusia no necesita que los mexicanos amen a Putin. Le basta con que desconfíen de Estados Unidos

En abril escribí que Rusia estaba ganando una guerra contra Occidente sin disparar un solo misil. Mi tesis era sencilla: el campo de batalla del siglo XXI ya no está solamente en los territorios, también está en la percepción de quienes los observan.

Hoy hay una razón más para preocuparnos, la maquinaria rusa de influencia no solo sigue funcionando, está creciendo en México y mucho más rápido de lo esperado.

Una investigación publicada por The New York Times reveló la existencia de un cable diplomático estadounidense, elaborado en abril de 2024, que advertía sobre la expansión de RT (Russia Today) en México. El documento llevaba un título “México: la invasión de RT”. Según el cable, la audiencia de RT en español en X pasó de 191 mil interacciones en 2022 a 715 millones en 2023.

715 millones de interacciones no es un crecimiento marginal, es una estrategia perfectamente calculada, el crecimiento desproporcionado no es casual y México no fue elegido al azar. Es el país hispanohablante más importante de América, comparte una frontera de más de 3,000 kilómetros con Estados Unidos y es su principal socio comercial.

Por eso la pregunta importante no es cuántos mexicanos están viendo RT, sino ¿por qué Rusia está invirtiendo tantos recursos para incrementar su audiencia en México? La respuesta seguramente no es conseguir simpatizantes de Vladimir Putin.

Para entenderlo debemos comprender la dinámica de la nueva guerra de narrativas. La propaganda tradicional intentaba convencerte de algo, pero ahora la estrategia es mucho más sofisticada: modificar el marco desde el cual interpretas lo que ocurre para que tú mismo llegues a la conclusión que les interesa.

Rusia genera contenidos antiestadounidenses para lograr que cuando escuches hablar de Estados Unidos pienses automáticamente en imperialismo; que cuando escuches T-MEC pienses en sometimiento; o que cuando se hable de cooperación bilateral pienses en intervención o abuso. No necesita convertir a una sociedad en prorrusa, solo volverla más antiestadounidense. Su objetivo es modificar el humor social hacia sus vecinos del norte para que eventualmente México pueda acercarse a sus rivales por descarte.

Este nuevo tipo de propaganda no necesariamente intenta inventar realidades, solo las reorganiza, tomando problemas existentes, una fractura social real y colocándole encima explicaciones convenientes. Puede hacerlo a través de un video de un influencer, un comentario en X, una entrevista, un meme, una noticia verdadera colocada junto a otra falsa o una denuncia legítima utilizada para introducir una conclusión que no se desprende de los hechos. Después, los contenidos son amplificados mediante grupos afines, bots y cuentas automatizadas hasta alcanzar a millones de personas.

El incremento de actividades del crimen organizado en el país es evidente, así como el aumento del tráfico y consumo de sustancias ilícitas hacia Estados Unidos; el crecimiento de las inversiones chinas en México, que se establecen en el país para obtener beneficios del T-MEC y, en algunos casos, evadir sanciones estadounidenses, es inocultable, y la migración sigue siendo imparable. También han existido constantes abusos de Estados Unidos en la historia de América Latina. El problema aparece cuando todas esas piezas comienzan a ensamblarse dentro de un mismo marco: Estados Unidos es la única causa.

Entonces la propaganda deja de necesitar mentiras. Le basta con seleccionar la información que quiere que veas y presentarla desde una óptica que desgaste la reputación y credibilidad de Estados Unidos. Y aquí aparece un problema todavía más complejo: Rusia no siempre necesita fabricar el argumento. A veces los propios acontecimientos de Washington se lo proporcionan.

Venezuela acaba de ofrecer un ejemplo particularmente poderoso. La aprobación de Donald Trump entre los venezolanos pasó de 92.2% en enero a apenas 9.7% en agosto, de acuerdo con una encuesta de Meganalisis. La propia encuestadora atribuye la caída a la brecha entre las expectativas generadas después de enero y los resultados percibidos durante los meses siguientes.

Pero el dato adquiere otra dimensión cuando se observa cómo están siendo interpretadas las decisiones de Washington. El 70.1% de los venezolanos consultados consideró que Trump buscaba quedarse con el petróleo de Venezuela, mientras apenas 8.9% creyó que su intención era liberar a los venezolanos.

El acuerdo petrolero anunciado por Trump facilita todavía más ese marco de interpretación. La propia Casa Blanca afirma que Estados Unidos obtiene control mayoritario sobre más de 65 mil millones de barriles de reservas venezolanas y derechos de gobernanza y compra de petróleo a bajo costo.

No hace falta decidir aquí quién tiene razón. El punto es que un mismo hecho puede ser presentado como una estrategia para recuperar la industria petrolera venezolana, generar inversión y desplazar la influencia rusa y china, o como una apropiación de los recursos venezolanos por parte de Estados Unidos. Ambos marcos pueden construirse a partir de hechos reales o parcialmente reales y eso cambia completamente la discusión.

Trump no necesita estar trabajando para Moscú para favorecer, involuntariamente, una narrativa que Moscú explota a la perfección. Su estilo de comunicación confrontativo, las amenazas, los insultos y el permanente discurso de presión hacia otros países pueden ser políticamente eficaces dentro de algunos sectores poblacionales en Estados Unidos, pero tienen otra lectura fuera de sus fronteras.

En la actual competencia geopolítica, cuando se debilita la percepción favorable de Estados Unidos, sus principales rivales estratégicos como China y Rusia ganar valor relativo, es decir, si uno pierde confianza, credibilidad y posición, otro gana, no porque automáticamente tenga razón, sino por contraste. Por eso atacar la credibilidad de Estados Unidos fortalece a quienes compiten con él.

Y aquí la estrategia rusa adquiere una dimensión todavía más interesante, Rusia o China no necesitan convencer a un mexicano de que son mejores. Le basta con convencerlo de que Estados Unidos es menos confiable. La guerra es por la interpretación

Bajo este contexto, Rusia emprendió una estrategia comunicativa que no busca ganar una discusión, sino ganar la distribución. Una narrativa reproducida por medios, influencers, plataformas digitales y comunidades ideológicamente afines puede convertirse en un entorno informativo y en ese entorno cambia algo fundamental. Ese es el poder de la amplificación.

El cable estadounidense citado por The New York Times advertía precisamente sobre la inversión de RT para construir credibilidad local y socavar la percepción de Estados Unidos, utilizando actores locales para ampliar su alcance.

México es especialmente atractivo porque la relación con Estados Unidos contiene suficientes tensiones reales como para que nadie tenga que inventarlas: migración, fentanilo, aranceles, seguridad, comercio, energía. Cada uno de estos temas puede convertirse en una grieta narrativa y una grieta narrativa es exactamente lo que necesita una estrategia de influencia, no hace falta fabricar el conflicto, hay que amplificarlo.

Si consigues que México interprete cada conflicto bilateral bajo el marco de “Estados Unidos contra México”, has modificado la relación sin necesidad de cambiar un solo tratado, no has cambiado los hechos, has cambiado su interpretación y esta es la verdadera guerra.

No significa que toda crítica a Estados Unidos sea propaganda, México tiene razones históricas, políticas y económicas para cuestionar muchas decisiones de Washington, precisamente por eso funciona la estrategia. La propaganda más eficaz no inventa necesariamente el malestar. Lo encuentra, lo matiza, lo conecta, lo amplifica y lo repite hasta intentar convertirlo en una explicación total de la realidad.

El premio Nobel de Economía Daniel Kahneman ya demostró que las personas no solemos tomar decisiones racionales a partir de los hechos sino a partir de sentimientos y emociones. Ahí está la verdadera batalla, y México ya está dentro de ella, por el momento a Rusia le basta con que los mexicanos dejen de confiar en Estados Unidos.

Porque cuando una potencia pierde credibilidad, sus rivales no necesitan demostrar que son mejores, les basta con parecerlo, aunque uno de ellos haya invadido militarmente a su vecino y prácticamente todos los días lance drones y misiles de alta precisión contra objetivos civiles como escuelas, trenes y hospitales.

(*) Jorge Armando García Aguirre, Consultor en Comunicación Estratégica

jorge@neuroconsuñlting.com.mx

El cargo El arma que México está ayudando a cargar / Por Jorge García apareció primero en Reporte 32 MX, El medio digital de México.

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