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Imitar muletillas para intentar convencer / Por JHAD

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Cuál será la pretensión de la señora presidenta de utilizar a la primera provocación las expresiones tan populares y pegajosas del presidente anterior: ¿Convencer y ganarse a las masas, mantener vivas las formas de AMLO, demostrar que solo con frases o estribillos conocidos le reconocerán sus acciones?

Eso es algo que solo ella y sus asesores pueden responder. Nadie más.

Es bastante curioso que la presidenta Sheinbaum tenga un grado elevado de científica, una formación académica, ejemplar y una gran experiencia al frente del gobierno de la Ciudad de México, para que su modo de expresarse sea una versión similar a la de su antecesor. 

Es muy claro y evidente que la mandataria no necesita imitar a nadie para demostrar cercanía ni popularidad. La seriedad no está peleada con el lenguaje del pueblo, ni la ciencia obliga a hablar como una eminencia ante cualquier foro.

El gran problema radica cuando la repetición parece sustituir la personalidad y el recurso retórico pesa más que la explicación de los resultados y los hechos.

El riesgo consiste en que los gestos y repeticiones dicen más que mil discursos. Y hay frases que, cuando se repiten hasta el cansancio, dejan de ser simpáticas para convertirse en una señal de dependencia política. Está en la presidenta y en sus asesores contemplar ese escenario y dejar en claro que no es así.

Porque hay eventos donde la presidenta recurre con frecuencia a las expresiones de Andrés Manuel López Obrador, a sus estribillos, a sus códigos populares y hasta a esa manera de rematar los discursos que convirtió en una marca personal.

El reciente “me canso, ganso” es un ejemplo. La presidenta parece empeñada y ensimismada en mantener vivo no solamente el proyecto de su antecesor, sino también su particular manera de comunicarse.

En política, los símbolos importan. Una frase puede acercar a un gobernante con sus seguidores, pero también puede revelar cuánto depende de la imagen de otro para construir su propia identidad.

López Obrador construyó su modelo de comunicación con frases coloquiales, humor, confrontación y una capacidad particular para convertir cualquier expresión en consigna. Sheinbaum, en cambio, proyectó una imagen más técnica, sobria e institucional. Sin embargo, los hechos parecen decir que la presidenta no quiere volver a ser la gobernante fuerte e independiente que conocimos como jefa de la Ciudad.

Compartir un proyecto político no significa tener que copiar sus gestos, sus remates y hasta sus ocurrencias. Sheinbaum puede defender la continuidad sin convertirse en repetidora de consignas y muletillas.

También tiene todo el derecho de reconocer la figura del expresidente sin necesitar invocarlo a cada oportunidad. Y también puede hablarle al pueblo sin recurrir a expresiones que no le pertenecen a ella.

A dos años y unos días de haber asumido la presidencia, es momento de hacernos la pregunta obligada: ¿presidenta todavía necesita pedir prestadas las palabras, los gestos y los remates de quien la antecedió para que la acepte el pueblo?

Un mandatario no es más cercano ni más efectivo por imitar a su antecesor con muletillas para intentar convencer a sus gobernados

Un mandatario se vuelve independiente y validado de verdad cuando consigue que el país entero reconozca su propia voz sin copiar a nadie…

El cargo Imitar muletillas para intentar convencer / Por JHAD apareció primero en Reporte 32 MX, El medio digital de México.

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